Alfonso Parra

De la comunicación sin otro agravio

FotoPortada de "El corte transversal"

Ya estás en tu uniforme,

con la tierra en su sitio,

ahí:

igual

exactamente igual

que dicen las palabras.

Los pómulos y sienes

de verde aceitunado,

ahí:

igual

exactamente igual

que dicen las palabras.

Todos alrededor

con su corro de sombra,

ahí:

igual

exactamente igual

que dicen las palabras.

La madera en el nicho

con su perfecto dentro,

ahí:

igual

exactamente igual

que dicen las palabras.

Aquí nosotros tú.

Y tú nuestro nosotros

Aquí:

igual

exactamente igual

que sin palabras.

saludo de Luis Alberto de Cuenca y Prado, Director General de la Bilblioteca Nacional

Querido Alfonso,

Lo he pasado muy bien - y muy mal- leyendo tus intensos poemas "de la comunicación sin otro agravio" y "desde la demencia". Gracias por la vida y el arte que derrochas en tus versos.

Un abrazo,

Luis Alberto de Cuenca

(Director General de la Biblioteca Nacional)

Presentación del libro “de la comunicación sin otro agravio” por José Manuel Martínez Cano codirector de la revista “Barcelona” coincidiendo con la inauguración de la II Exposición Antológica en el Claustro del Palacio Casa Consistorial de Villarrobledo.

Fotografía de la exposición

Claustro de la Casa Consitorial. De izquierda a derecha: Jose Manuel Martínez Cano, Francisco Segovia, Alfonso Parra y Rubí Sanz Gamo

Buenas tardes. Me toca a mí hablar de la otra faceta creativa de Alfonso Parra que nunca se sabe si es la misma, si es un desdoblamiento o a fin de cuentas es la continuidad del trazo en uno u otro medios; el folio o bien el lienzo. Conocí a Alfonso Parra hace años, lo comentábamos estos días, años llenos de ilusión y de proyectos. Está incluido en una Antología que yo realicé entonces “Cien Años de Poesía Albacetense”. Dejé de saber de él, pero afortunadamente por su libro he visto que sigue en la brecha, y creo que siempre va a estar ahí. He tenido unas breves palabras para su libro puesto que es un acto dual y comentar este bello libro “de la comunicación sin otro agravio”. Y sin más voy a leerles estas palabras.

“Ese tono de entrañable intimidad con que se nombra el ser trascendido dentro del universo personalista y constantemente reivindicativo. Es uno de los grandes logros de este libro que hoy presentamos; texto por otra parte que encierra tres voces que lo configuran: “de la comunicación sin otro agravio”, “ocho poemas de poemas sin libro” y “siete poemas de corte trasversal”, tres voces que en un crescendo de signos que se entrecruzan resuenan amplia y trasparentes en algo que su autor asevera en las primeras huellas de identidad del poemario: “A toda materialidad creada”. Se trata pues de nombrar de significar, de llegar, nos sigue dando pistas Alfonso Parra; sólo allí donde no está la palabra hay posibilidad creadora”. Pocas veces un autor creador se ha planteado tan abruptamente uno de los mayores enigmas del acto creativo; pocas veces se ha podido atisvar tan de cerca los hondones recónditos de la psiquis profunda del poeta; acaso es el trance de una noche oscura, la experiencia de ver que a través de los años seguimos sin poder nombrar lo que a primera vista nos es aprehendible: el amor y sus contrarios, el desamor, la identidad que nos configura, los objetos materiales, el propio “Bestiario” particular, las constantes interrogantes del ser y la palabra, siempre esa materialidad semántica que en sus versos dice:

Lo que no se nombra

ni se afirma o niega.

Ni cara o cruz

o no es siquiera

ni nada o todo

ni la traición

de lo innombrado.

No es, ya dije, un libro fácil éste de Alfonso Parra. Cada palabra, cada concepto, cada estructura, cada verso blanco es un silencio, una interrogante, que de la nada a la carne nos rastrea por ese principio que él llama “materialidad”, ese recorrido que desde hace tiempo denomina “Desde la huella del no ser al serse”. Hay imágenes, expresionismo, metáforas como salidas de una agitada espátula; se cuenta, a veces, con escritura automática, la del subrealismo, la sensación cotidiana de existir, a veces mística, de lo simbólico y llena de belleza en los conceptos:

Mirar no hay que mirar,

se mira en la distancia

perdida de los labios.

Querer no hay que querer,

querer sólo se quiere

cuando ya se asesina.

Fotografía de la exposición

También, y es inevitable, hay que hablar de las influencias del poeta, unas veces nos las facilita en clave de cita a la entrada del texto: Agustín García Calvo, y como no, Antonio Machado, Pere Ginferrer, Sören Kierkegaard, Sánchez Ferlosio, y las que yo vislumbro en la reconstrucción textual de la relectura: San Juan de la Cruz, el José Ángel Valente de “Material Memoria”; Neruda, Vallejo y la escéptica escritura de Samuel Beckett más que la de Kafka, por el intento de “nombrar lo innombrable”. Más en este viaje por el poemario el autor reflexiona lo anterior en lo que podemos considerar dos últimas partes del libro: verso más largo, más descriptivo, un acercamiento a la poesía de la experiencia después de tanta contrareforma estética; se huye del aforismo, del decir repentino, es el “corte trasversal” a cierta heterodoxia no del todo olvidada. Ahora la palabra se recrea en el viaje, tal vez interior, en el esperpento, en aquel tren que pasa y nunca se detiene con tiempo suficiente.

Me gustaría cerrar esta sucinta visión de un libro que, a mi modo de ver, contiene un debate filosófico riguroso y bello sin principio y sin fin, con un fragmento de un poema antes citado y gran amigo, José Ángel Valente muy cercano a la lectura de este libro y que su autor, sin duda, entenderá:

Con las manos se forman las palabras,

con las manos y en su concavidad

se forman corporales las palabras

que no podíamos decir.

No estoy solo, no estás, no estamos

no estuvimos nunca aquí donde pasar

del otro lado de la muerte.

Y tan leve parecía.

Nada más, muchas gracias.

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/ © Alfonso Parra Domínguez